Hoy no iba a postear. Estoy re cansada, muerta a decir verdad, y ni siquiera se si tiene sentido lo que estoy escribiendo pero hoy me pasaron dos cosas ajenas al mundo usual de Alma Singer que son tan Alma Singer como un buen post sobre un café, un artista o una manta tejida a crochet. Vale la pena jugar a la ruleta rusa con el surmenage por estos dos episodios.
Número uno: hoy salí del laburo relativamente temprano y contenta porque me esperaba una vuelta en 59, léase, una hora de tiempo robado al sueño. La tarde me recibió con una brisa amable y esa luz especial de atardecer tardío. Caminé dos cuadras y los vi. Dos compañeros de laburo, seguro. No del mío, pero compañeros entre ellos seguro.
Primero se dieron un beso en el cachete como cualquier hijo del vecino. Un beso un poco torpe, un beso que esconde algo. Y claro. A los dos segundos, seguían ahí, en esa misma esquina, juntos; él y ella y ningún adiós. Él miró cauto para los costados y rápido le robó un beso. Un beso divino, aún más torpe, pero lleno de futuro. Fue justo cuando yo pasé a su lado, y vi de refilón como ella se convirtió en pura sonrisa. No hay nada más lindo que un primer beso robado.
Me hubiera encantado tener la cámara de fotos para mostrarles el color y la textura del cielo en ese preciso momento. Estaba teñido con un celeste muy tenue interrumpido sólo en partes por pinceladas suaves de nubes blancas, casi inexistentes. Un cielo Vanilla Sky. Fue un buen momento.
Número dos: dos horas más tardes llegué tan fusilada a casa que me tiré primero en el sillón antes de dejar mi carterota. Prendí la tele y enganché un pedazo de mi pasado. Ahí estaba, frente a mí, mi pasado hecho serie. El capítulo final de
And if you a very lucky, a plane ride away…
http://www.youtube.com/watch?v=j0AVL-DPAuc
Esos son los dos momentos que viví hoy. Que suerte tuve.
(Sí ma, ya me voy a dormir).









